EL ATLAS DE LAS NUBES

Maravilloso diálogo ,  como muchos del libro de David Mitchell.

Pasada la segunda guerra mundial uno de los protagonistas del libro habla con un joyero (de nombre M.D.) :

—Las guerras no estallan sin previo aviso —explicó modestamente—. Empiezan como pequeñas hogueras en el horizonte. Se van
acercando poco a poco. El hombre sabio observa el humo y se prepara para levantar el campamento, igual que Ayrs y Jocasta. Lo que me
temo es que la próxima guerra será tan grande que no quedará intacto un solo lugar con un restaurante decente.

¿Tan seguro estaba de que fuese a estallar otra guerra?
—Siempre va a estallar otra guerra, Robert. Nunca se apagan del todo. ¿Qué es lo que atiza los rescoldos? La voluntad de poder, que es
la columna vertebral de la naturaleza humana. La amenaza de la violencia, el miedo a la violencia o la violencia propiamente dicha, son
los instrumentos de esa espantosa voluntad. La voluntad de poder está presente en las alcobas, en las cocinas, en las fábricas, en los
sindicatos y en las fronteras de los estados. Escúchame bien y grábatelo: El Estado-nación no es más que la naturaleza humana
inflada hasta proporciones monstruosas. Lo cual demuestra que las naciones son entidades cuyas leyes vienen dictadas por la violencia.
Siempre fue así y siempre lo será. La guerra, Robert, es uno de los dos compañeros eternos del hombre.
—¿Y cuál es el otro? —le pregunté.
—Los diamantes.[…]

¿Y la Liga de las Naciones? ¿Acaso las naciones no seguían otras
leyes que las de la guerra? ¿Y la diplomacia?
—Ah, la diplomacia —dijo M.D., sintiéndose en su elemento— limpia los manchurrones de la guerra; legitima sus consecuencias;
brinda al Estado fuerte los medios para imponer su voluntad al más débil, mientras reserva sus flotas y batallones para adversarios de más
fuste. Sólo los diplomáticos de carrera, los idiotas inveterados y las mujeres ven la diplomacia como un sustituto a largo plazo de la guerra.
La reductio ad absurdum de la tesis de M.D., objeté, es que la ciencia seguirá inventando instrumentos bélicos cada vez más
sanguinarios hasta que un día la capacidad destructora de la humanidad superará a la capacidad creadora y nuestra civilización se
precipitará a la extinción. M.D. respondió a mi objeción con sarcástica alegría.

—Precisamente por eso. Nuestra voluntad de poder, nuestra ciencia y todas las facultades que nos elevaron del nivel de los simios
al de los salvajes y de ahí al del hombre moderno, ¡son las mismas facultades que acabarán con el homo sapiens antes de que termine el
siglo! Tal vez, hijo mío, tengas la suerte de estar vivo para presenciarlo. Menudo crescendo sinfónico, ¿verdad?

EINSTEIN , sabiamente lo predijo:

“No sé con qué armas se luchará en la tercera Guerra Mundial , pero sí sé con cuáles lo harán en la cuarta : Palos y piedras “.

2 comentarios to “EL ATLAS DE LAS NUBES”

  1. me gusta ese libro…
    disculpa mis ausencias, pero ando viajero últimamente…

  2. disculpado , mr traveller.
    la película no le llega ni a la suela…

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